Siempre me ha provocado una sonrisa como se le llama a la primer semana de la agencia libre en la NFL. Free Agency Frenzy (frenesí). Es un buen nombre y otro ejemplo de la inigualable mercadotecnia de la NFL.

Y además, suele ser una descripción muy apropiada. Intercambios, contrataciones inesperadas, grandes adquisiciones, movimientos discretos pero inteligentes, llenan las redes sociales mientras nosotros los aficionados especulamos salvajemente acerca de como cada movimiento impactará el rumbo de cada franquicia en la liga.

Pero para los Dallas Cowboys, la palabra correcta definitivamente no es frenesí. Lo fue por un momento el martes por la mañana, cuando dentro de una hora acordaron un contrato de 5 años por $70 millones de dólares con Randy Gregory solo para que todo se colapsará y terminara en Denver.

Fuera de eso, la agencia libre de los Cowboys suele parecerse más a una larga y aburrida rueda de prensa. De esas ruedas de prensa en la que los reporteros intercambian miradas preguntándose a que hora llegará la noticia “grande” solo para descubrir que nunca llegará.

A eso estamos acostumbrados. Es la manera en la que Stephen Jones insiste que se debe construir un equipo. Pero para ser justos, este año ha sido un poco más caótico. Cowboys ha dejado ir a Amari Cooper, Randy Gregory, y La’el Collins. Tres titulares considerados realmente buenos.

Además de ello, no es una garantía que Jayron Kearse, otro agente libre considerado prioridad, vaya a regresar a los Cowboys.

¿Cuál es el plan de los Cowboys? Reconstrucción o no, Cowboys está haciendo una apuesta algo riesgosa.

En Dallas, están tomando una decisión consciente de tomar un paso para atrás en la posición de receptor abierto y un paso para atrás en la posición de tackle derecho. Por razones financieras o no, en cuestión de talento es lo que están haciendo.

Están contando en que varios de sus jugadores que no han sido del todo “probados” en la NFL en sus nuevos roles, tomen un paso al frente y cumplan con la tarea.

A Michael Gallup y a CeeDee Lamb se les pedirá competir por ser el nuevo receptor #1 del equipo. Gallup ya está acostumbrado a estar “aislado” en la formación, lo cual es prometedor. Se alineó aislado (receptor X) en 35% de las jugadas desde 2020, la segunda marca más alta según Next Gen Stats.

CeeDee Lamb podría ser el favorito para el trabajo, sin embargo, principalmente por su versatilidad y potencial de desarrollo. Pero ninguno de los dos ha sido la preocupación principal de las defensivas y Cowboys está apostando a que su ofensiva funcionará con alguno de ellos adoptando ese rol.

Al dejar ir a La’el Collins, los Cowboys cuentan con que Terence Steele pueda seguir mejorando y que sea consistente a lo largo de 17 juegos. Además de eso, el equipo está apostando a que pueden renovarlo si es la respuesta a largo plazo siendo que su contrato expira tras la siguiente temporada.

La apuesta no solo se reduce a los jugadores, sino al quarterback Dak Prescott. Cuando lo firmaron por un promedio anual de $40 millones, Cowboys indicó su confianza en que podía elevar a una ofensiva que no fuera ideal.

Aunque eso no justifica necesariamente el quitarle piezas tan importantes como Cooper y Collins, queda claro que si alguien puede compensar dichas ausencias es el quarterback.

Imagen destacada vía Kevin Jairaj-USA TODAY Sports